viernes, 1 de octubre de 2010

Comentario del artículo: Uso y mal uso de la capacidad de observar en los pacientes histéricos. Revista Catalana de Psicoanálisis Vol.1/nº2

El objetivo del texto de T. Eskelinen de Folch consiste en estudiar la capacidad perceptiva de los pacientes diagnosticados de histeria y del uso que hacen de dichas percepciones, junto con las expectativas excesivas que suelen despertar en los terapeutas al ser tratados en psicoterapia. También se resalta una resistencia característica en esta patología fundamentada en la dificultad para cambiar sus relaciones patológicas y las maneras de tratar con la ansiedad. A la vez, se pone en evidencia como suelen utilizar sus percepciones para efectuar una fina observación de las respuestas del analista y así conseguir involucrarlo en sus relaciones patológicas particulares, dramáticas y sensualmente excitantes. Para ello, los autores hacen una breve referencia a los trabajos sobre la histeria y describen como dos pacientes diagnosticadas de histeria, que provienen de medios socioculturales diferentes, utilizan y abusan de sus capacidades perceptivas. Para concluir, se formulan algunas hipótesis sobre la manera con que ellas han percibido y usado las defensas de los padres, adoptando algunas de ellas como partes de la propia personalidad.
Introducción
Se parte de la premisa, que en general, los pacientes histéricos son fácilmente analizables dada su capacidad de representar sus ansiedades (buena capacidad de observación) y sus impulsos con fantasías nítidas, y que a menudo se constatan cambios importantes en la vida externa de estos pacientes después de un corto periodo de tratamiento. Pero en la mayoría de casos estos cambios no corresponden a modificaciones efectivas en la estructura de la personalidad. Parece que estos pacientes en lugar de utilizar sus observaciones para cambiar la condición patológica la suelen utilizar para tratar de involucrar a la gente de alrededor (incluido el terapeuta) para potenciar su típica relación de objeto sin favorecer el cambio. De esta manera, durante el análisis pueden estimular al analista a considerarlos como si ellos tuvieran interés en ser entendidos a la vez que, en lugar de utilizar las interpretaciones para esclarecer aspectos de ellos mismos, suelen dramatizar una fantasía de relación intensa y erotizada con el analista (exagerada).
Breve referencia a los trabajos sobre la histeria
Breuer (tratando a la paciente Anna O.) sentía que la personalidad histérica estaba defusionada en dos partes, describiendo así una parte “sana” de la personalidad de las histéricas y otra “insana”. En un inicio opinaba que durante las crisis histéricas la parte sana de la personalidad se alienaba de la parte insana y en otro punto de trabajo expresó que la parte sana casi no existía durante las crisis. Dichos argumentos corresponden a las afirmaciones hechas por los autores del texto en cuanto a la afirmación que los pacientes parecen capaces de utilizar muchas de las funciones o capacidades de su yo (como la observación) pero que parecen estar alienados de una parte de su personalidad que se muestra destructiva (queriéndose deshacer de la observación y del pensamiento entendido). Según Breuer, Anna O. parecía plenamente consciente de la destructividad que esto implicaba y ello le facilitó el poderse deshacer de esa “parte mala”.
Los trabajos posteriores sobre la histeria no han enfatizado demasiadoen  la destructividad de los pacientes histéricos y en la manera como ésta puede comprometer a las funciones del yo y a las satisfacciones libidinales de sus relaciones.
Freud, posteriormente trató a Emmy von N. y a Dora, detectando cómo estas pacientes eran extremadamente destructivas con ellas mismas.
Melany Klein introdujo el concepto de identificación proyectiva, ayudando así a entender la naturaleza de la transferencia cuando el paciente utiliza esta identificación como medio de relación. Describe cómo los pacientes encuentran un terreno común (capacidad de percibir) entre ellos mismos y la persona con quien se relacionan
Betty Joseph ha tratado el acting out de las fantasías inconscientes en la transferencia expresando que la continua actuación hace difícil el análisis, como por ejemplo cuando el analista es arrastrado a la organización defensiva del paciente incluyendo de esta manera al analista en la actuación de sus fantasías inconscientes. Por ello el analista debe tener en consideración este aspecto para poder abordar el tratamiento. De todos modos, este proceso vuelve a poner en evidencia cómo una parte importante del yo de estos pacientes está funcionando (es capaz de observar al analista y sus reacciones para utilizarlas en empujar a éste a la actuación de sus fantasías inconscientes). Joseph define este proceso a partir de la siguiente afirmación: “Observadores en ciertas direcciones, pero bastante ciegos en otras.”
Eric Brenman considera algunos rasgos de las madres como causantes de predisposiciones a la histeria de sus hijos (madres acaparadas por la ansiedad que contradictoriamente tratan al hijo como si todo fuera bien, estimulando sensualmente al bebe para negar las ansiedades propias).
Los casos
Los autores estudian dos casos de pacientes diagnosticadas de histeria que comparten la misma edad (edad mediana de vida) y están casadas, siendo su nivel socio cultural distinto.
Las dos pacientes compartían rasgos comunes, como por ejemplo que ambas madres interrumpieron su lactancia por estar de nuevo embarazadas, la señora P reaccionó de manera violenta llegando casi a la muerte por inanición, en cambio la señora A fue poco comedora y lenta, desesperando así a su madre. Ambas son frígidas, aunque describen a sus maridos como buenos y que inspiran confianza.
La paciente P tenía identificaciones con las defensas de su madre. Tenía dos hijos. Por las mañanas sentía que estaba muerta y no podía moverse. Los hijos reunían a la familia y poco a poco se recuperaba. Toda la familia vivía la resurrección como un milagro. La Sra. P relacionaba conscientemente estar muerta con su gran inclinación hacia la muerte. El inicio de sus síntomas se originan a cuando ella tenía un año y cayó de la cama, encontrándola la madre debajo durmiendo. A partir de este momento dejó de comer hasta que una curandera la “resucitó.” De esta manera las “resurrecciones” posteriores situaban a la paciente en el centro de la familia, lejos de ser abandonada. También se muestra cómo confunde sus percepciones, de manera que se le hace imposible hacer frente a sus impulsos y ansiedades repitiendo así sus experiencias dolorosas de la infancia, pero a diferencia de entonces la ansiedad de muerte se transforma en excitación. El miedo y el dolor de la pérdida son infringidos a la familia.
La paciente A. comienza el análisis por problemas sexuales. Tenía 5 hijos a los cuales no cuidaba demasiado debido a que a veces abandonaba el hogar montando grandes escenas. Quería a su marido pero lo describía como un inepto en la relación sexual. Mantenía una relación sexualizada con un hombre mayor al que llamaba su “amor”.
Durante el tratamiento aceptaba las interpretaciones con aparente interés y a menudo con cierta excitación, pero en realidad vivía las respuestas a las interpretaciones del analista como una adaptación a las expectativas de éste, mostrando así una actitud infantil e inmadura. Por ello, se observa cómo el objetivo de la paciente es persuadir al analista, haciéndole creer en una buena alianza de trabajo, que en realidad no existe. Hablaba de la intensidad de sus sentimientos pero daba la impresión frialdad y poca receptividad. Su análisis se puede dividir en dos fases, en la primera la relación analítica podía parecer a menudo estimulante por las dos partes, en la segunda se mostró excitada pero aparecieron depresiones con un tono excitado.
Consideraciones de los dos casos
Parece haber similitudes entre ambas pacientes en cuanto a la manera en que ellas se observan a sí mismas y a la gente de su alrededor, así como los medios que utilizan para entelar su capacidad perceptiva. Utilizan las percepciones que tienen del terapeuta para expresar las fantasías de manera que el terapeuta se interese y quede seducido por una relación analítica que puede ser muy interesante pero inútil. De alguna manera ambas dejaban claro que no querían comprometerse (“la belle indifférente”) con aquello que veían y percibían ya que un tal compromiso respecto a un objeto externo e interno suficientemente bueno le haría cambiar la actitud respecto al terapeuta, a su familia y a sus objetos internos (por ello el uso de expresiones ambiguas). Esta ambigüedad repetida devalúa las cualidades honestas de los objetos y de las experiencias de los pacientes histéricos, dejándolos vacíos internamente (insaciabilidad).
Ambas pacientes eran capaces de introspección y de darse cuenta de sus trampas y estafas, pero no eran capaces de renunciar a ellas. Además su ansiedad básica y real se expresaba en la dramatización, siendo escamoteada por la parte engañosa.
Los orígenes de este tipo de relaciones objetales en la Sra. P se plasmaban en la dramatización de las ansiedades más profundas, pero nunca eran realmente enfrentadas (en parte a causa de la naturaleza omnipotente de sus representaciones y en parte porque el drama servía para satisfacer sus impulsos más sádicos). La Sra. A cambiaba de una actitud a otra con gran rapidez.
Ambas utilizaban la identificación proyectiva con gran intensidad en sus relaciones, por ello es imprescindible analizar la contratransferencia que generan para comprender los sentimientos y fantasías que proyectan en el analista.
Conclusiones
Los pacientes histéricos utilizan su percepción para recrear una situación ideal y erótica con el analista, intentando adaptarse a las interpretaciones que se hacen y pretendiendo llevarlo a actuar bajo este tipo de relación arcaica con ellos, siendo éstos el centro de la escena. De esta manera, creen que la ansiedad la pueden obviar y les produce cierta sensación de exaltación. A través del análisis se puede tomar conciencia y elaborarlo y parece que al hacerlo las expresiones de los pacientes se vuelven melancólicas y se atormentan. De todos modos no se pierde la relación erotizada con el analista. Esta excitación se alimenta con fantasías de muerte y destrucción y por el acting out en el análisis. El trabajo primordial del analista es investigar si los pacientes consiguen un compromiso suficiente con este conocimiento para ser capaces de cambiar sus actuaciones.

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