lunes, 11 de octubre de 2010

Resumen del libro DIBS EN BUSCA DEL YO. Virginia M. Axline.



La autora narra el proceso psicoterapéutico de un niño de 5 años que manifestaba graves perturbaciones comportamentales, lingüísticas y emocionales, mostrando ambivalencia pasiva - agresiva hacia los demás y hacia él mismo.
Dibs estaba escolarizado en una escuela ordinaria y su personalidad causaba un gran efecto a su alrededor ya que las maestras se sentían frustradas y desafiadas, aunque a la vez se sentían cautivadas con él.  Dudaban en cuanto a su conducta, llegando a pensar si se trataba de un débil mental, de un niño autista o de un psicótico.  Todo ello mantenía la misma estructura en su propia casa.  Su madre hablaba de él como datos a comentar, y se negaba a participar en la terapia.
Tanto en la escuela como en casa, eran evidentes las limitaciones de los familiares/profesores para comprender las complejidades de su personalidad.
Axline aborda el caso a partir de la técnica de la hora de juego. El objetivo de la hora de juego era que el niño plasmase en el ambiente el impacto de todas sus experiencias anteriores y reconstruyera su mundo, reducido a un tamaño que él pudiera manejar.
En un inicio no existía una integración de su yo por lo que Dibs se inició lenta y dolorosamente en el mundo del juego. Era un niño despojado emocionalmente  y mostraba frustración en sus intentos de lograr una identificación propia que pudiera reclamar con dignidad, aun así transmitía fuerza interior y capacidad,
Fue surgiendo de él la valentía para enfrentarse al mundo, paulatinamente fue descubriendo que era capaz de alcanzar grandes logros intelectuales y que su capacidad se veía dominada por su estado emocional. Primero se evidenció un adelanto a nivel intelectual y lentamente empezó a contactar con él mismo y con su realidad exterior.
Al ir mejorando, demostraba cada vez más abiertamente sus sentimientos haciendo así tambalearse la dinámica familiar. Los sentimientos de los padres no tardaron en salieron a la luz
Fue experimentando por él mismo que era una persona capaz y responsable, partiendo de la base que él era el máximo conocedor de sí mismo y que la libertad responsable crece y se desarrolla dentro de la persona. Cambió la ira, el temor y la ansiedad por esperanza, confianza y alegría.
Se implicó profundamente en la búsqueda de su yo y confió en sus recursos psíquicos. Siendo consciente que su experiencia era atormentadora, cada vez tenía mayor conocimiento sobre sus sentimientos, sus actitudes y sus relaciones con los que estaban a su alrededor.  Llegó a comprender y controlarse.
Como mecanismo de defensa a la ansiedad tendía a la intelectualización, refugiándose, así, en el mundo seguro de su intelecto.
Se le ayudó a diferenciar entre sus sentimientos y sus acciones, y a aprender por medio de experiencias que ninguna parte de su mundo es estática y totalmente controlable, conociendo así las herramientas para usar sus reservas interiores y llevar la seguridad en él mismo.  La terapia le fue inspirando seguridad en sí mismo y  logró una independencia emocional.  Se le dejó hacer, sin pretender en  ningún momento que hiciera una cosa determinada.  Se le concedió tener su mundo privado de significados, concebido por la integridad y la dignidad de su personalidad.  Se le respetó su ritmo, se le dejó que tomara la iniciativa en la estructuración de la relación entre la psicoterapeuta y él. El resultado no podía ser mejor.
En conclusión, a partir del juego simbólico Díbs proyectó sus sentimientos dolorosos emergiendo otros con fuerza y seguridad.  Había ido en busca del yo redescubriendo una orgullosa identidad y construyendo un concepto de yo con más armonía logrando, así,  un crecimiento integral en todas sus facetas.
La terapeuta, tanto en la hora de juego como en las entrevistas clínicas ha evitado hacer clichés, interpretaciones, explicaciones rápidas,...  Ha potenciado la observación clínica dentro de una atmósfera tranquila, optimista y delicada. 

1 comentario:

  1. El juego, libre de sus connotaciones terapéuticas, es una actividad que busca el contacto con la realidad, el descubrimiento de los objetos y el análisis de sus cualidades y, por contraste, también el desarrollo y el análisis de uno mismo.
    En el caso de Dibs pienso que en la medida en que empezó a ser capaz de asociar su razonamiento y su reflexión a su entorno, empezó a cambiar su escala de valores impuesta anteriormente desde fuera para pasar a la suya propia. En esta nueva perspectiva, las cosas buenas o malas lo son porque él las valora como buenas o malas y desemboca en el desarrollo de una moral autónoma.
    Me parece positiva la actitud de la terapeuta en la primera hora de juego con él en el colegio como contexto, a partir de un planteamiento no basado en comentarios de terceros sino en la experiencia directa y la relación del niño con ella. Considero que se sustituyó la palabra por vía analógica a través del juego y del movimiento y la terapeuta fue intuitiva y creativa durante las diversas sesiones. Utilizó destrezas técnicas dentro de la terapia con trabajadísima espontaneidad (como dice Minuchin en el libro de Técnicas de terapia familiar).
    Considero que gracias a las técnicas de la terapeuta tanto las entrevistas con la madre como con los representantes de la escuela, se hizo constar el dominio por parte de ésta de técnicas adiestrables. El trabajo del terapeuta debe, en gran medida, hacer posible la explicitación de los sentimientos sea cual sea el signo de éstos. Por lo que pienso que, el trabajo de Axline resulta brillante.
    Ha remarcado las habilidades de escucha, de facilitación de la actividad narrativa del niño y la facilitación de la generación de narrativas alternativas por parte de éste. Ha tomado las funciones de una guía ya que ha amoldado la terapia a las necesidades del niño, adoptando los ritmos y los énfasis que ha permitido un trabajo productivo. Ha concedido que el niño tome la iniciativa, mostrándole una situación nueva para él. Permanece atenta al contenido implícito, al discurso evasivo, las omisiones y el discurso recurrente. Mantiene la intensidad de la primera toma de contacto. Considero que todas estas habilidades, la hacen estable a los ojos del niño y refuerza el vínculo de confianza.
    Soy partidaria de un enfoque prescriptito a través del cual el terapeuta tiene la responsabilidad de determinar la técnica más apropiada para cada caso. En lugar de forzar al niño dentro de un determinado molde terapéutico, se debe tratar de individualizar y acomodar las técnicas al niño, como creo que se ha realizado en este caso.
    Por último destacar la evidencia que se pone de manifiesto en el libro en la importancia de la relación padres-hijo durante la primera infancia, y las consecuencias que puede tener en el desarrollo de la personalidad del hijo. Bajo mi juicio, en el caso de Dibs, la actitud de rechazo que los padres sentían hacia él aceleró el proceso de sus dificultades, debido entre otras causas a la distocia familiar por falta de inteligencia emocional.

    ResponderEliminar

Compártelo